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Historias de Escuela Dominical
Historias Para la Escuela Dominical
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La Familia de José se Muda a Egipto

VERSICULO PARA MEMORIZAR:
“A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a Bien.” Romanos 8:28
ESCRITURAS: Génesis 46:1-7, 26-34; 47
OBJETIVO: Enseñar que si perdonamos a otros ellos pueden llegar a ser nuestros amigos otra vez.
   Cuando Faraón oyó que los hermanos de José estaban en Egipto él envió por José. “Estoy contento que tus hermanos han venido,” dijo él. “El permitirles regresar con abundancia de grano. Pero también enviar suficientes carros para traer a la familia completa aquí donde puedan vivir en abundancia. Lo mejor de toda la tierra de Egipto será de ellos.”
   Los hermanos se fueron de prisa a casa a contarle a sus padre las buenas nuevas. Pero primero ellos tuvieron que decirle algo más. Ellos tuvieron que decirle a Jacob que su hijo José estaba todavía vivo. El no había sido matado por un animal como ellos le habían contado. Los hermanos necesitaban confesar que ellos habían sido despiadados y celosos  y habían vendido a José como un esclavo a algunos comerciantes que iban a Egipto.
   Cuando llegaron a la casa de su padre ellos dieron voces a él: “¡José está vivo! El es el gobernante sobre toda la tierra de Egipto.”
   “¡Imposible!” dijo Jacob.
   Los hermanos le contaron toda la historia. Cuando ellos lo llevaron afuera y le mostraron los carros con todos los regalos que José había enviado, Jacob finalmente comprendió que era cierto.
   “Eso es suficiente,” lloró él alegremente. Mi hijo José tiene que estar vivo. Iré a Egipto a verlo.
   Así que cada uno se preparó para el viaje, y al fin y al cabo se pusieron en camino hacia Egipto. En su camino se detuvieron en Beerseba, en la frontera de Canaán, para ofrecer sacrificios a Dios. Esa noche Dios le habló a Jacob en un sueño. “No tengas miedo de ir a Egipto, pues Yo prometo que tu familia será el comienzo de una gran nación y Yo traeré a tus descendientes de vuelta a su patria.”
   Mientras tanto José estaba esperando impacientemente en Egipto. Finalmente él oyó que su familia venía, así que se subió a su carruaje y se dirigió aprisa a encontrarse con ellos.
   Cuando al fin se pararon cara a cara después de tantos años, José echó sus brazos alrededor de su padre y lloró. Jacob también lloró y acercó a José hacia él. Entonces Jacob le dijo a José: “Ahora permíteme morir por cuanto te he visto de nuevo y sé que estás vivo.” Pero él no murió. El vivió otros diecisiete años.
   José llevó a su padre y a cinco de sus hermanos y los presentó a Faraón.
   Faraón les preguntó: “¿Cuál es la ocupación de Uds.?”
   Ellos contestaron: “Somos pastores como nuestros antecesores. Hemos aceptado tu invitación para venir a vivir aquí en Egipto, pues no hay pasto para nuestros ganados en Canaán. El hambre está muy mal allá. Nosotros pedimos permiso para vivir en la tierra de Gosén.”
   Faraón le dijo a José: “Tú puedes escoger cualquier lugar que te agrade para que ellos vivan. Y si algunos de ellos son particularmente habilidosos, ponlos también a cargo de mis rebaños.” Jacob entonces bendijo a Faraón en gratitud.
   Jacob vivió felizmente en Egipto. Pero llegó la hora cuando todos sabían él moriría pronto. José llevó a sus dos hijos, Manasés y Efraim, para que fueran bendecidos por Jacob. Manasés era el mayor pero Jacob le dio a Efraim una bendición especial.
   “Ambos serán grandes,” dijo Jacob, “pero Efraim será el más grande.”
   Jacob pidió que sus otros hijos vinieran a él. Jacob los bendijo a todos. Luego él dijo: “Uds. tienen que sepultarme con mis padres en la tierra de Canaán, en el campo que compró Abraham como un sitio de entierro.” Entonces murió Jacob.
   Después de algunos días de duelo, José fue a la corte de Faraón y pidió que se le permitiera ir a Canaán a sepultar a su padre.
   Faraón le dio permiso. Así que José y sus siervos cargaron los carros y comenzaron el viaje largo y triste.
   Cuando llegaron a la cueva de Macpela donde Abraham e Isaac fueron sepultados, José y sus hermanos sepultaron a Jacob como él había pedido.
   Pero ahora que el padre de ellos estaba muerto, los hermanos de José tenían miedo. “Ahora José nos devolverá todas las cosas malas que le hicimos,” decían ellos.
   Ellos le enviaron este mensaje: “Antes que él muriera, tu padre nos dio instrucciones que te dijésemos que nos perdones por la gran maldad que te hicimos. Te pedimos que nos perdones.”
   Cuando José leyó el mensaje, él se derrumbó y lloró.
   Entonces los hermanos vinieron a José y se arrodillaron en frente de él. “Somos tus esclavos,” dijeron ellos.


   “No tengan temor,” dijo José. “Todo está bien. Uds. tramaron lo malo en contra mía. Pero Dios usó la maldad de Uds. para bien. Por causa de la acción de Uds., muchas vidas han sido salvadas durante esta hambre. No se preocupen. Yo me encargaré de Uds. y de sus hijos. Yo les he perdonado.”
   José y sus hermanos permanecieron en la tierra de Egipto por muchos años. Pero José se acordaba que algún día Dios los llevaría de vuelta a la tierra que El le prometió a Abraham, Isaac, y Jacob.
   Aunque le habían sucedido muchas cosas malas a José, Dios bendijo a José. El había aprendido que no importaba qué malo sucediera, Dios hará que los eventos se tornen en bien si deseamos la voluntad de El.
   José y sus hermanos aprendieron que si confiamos que Dios se encargará de nuestras vidas entonces podemos ser amigos con toda la gente sin importar lo que ellos nos han hecho.

No somos una denominación. No tenemos ley sino el amor, ningún credo sino a Cristo, ningún libro sino la Biblia. No tenemos miembros; sólo compañerismo a través de la Sangre de Jesucristo que nos limpia de toda incredulidad. 62-1111e (v) El Porqué Estoy En Contra De La Religión Organizada Jeff